Los puños de Olli, o por qué es necesaria más austeridad

Un breve ensayo sobre la ortodoxia económica

olli-rehn

Me imagino a Olli Rehn* recibiendo portadas como puñetazos cada mañana en su despacho, mientras sus asesores entran y salen para discutir cómo explican una vez más lo inexplicable. Es decir, que tras miles de millones de euros inyectados en el sistema, años de ajustes y varios gobiernos cayendo como un castillo de naipes, nada cambie. Así, es posible que para muchos Rehn represente la ortodoxia económica europea del momento y es probable que no se equivoquen. No seré yo quien entre en el fondo de un asunto que a estas alturas ya debe ser materia de estudio obligatoria en los colegios: Austeridad, mala; crecimiento, bueno.

Veníamos de una infancia en la que ser austero era casi una virtud, pero algo está cambiando. ¿Cómo explicar si no que una institución tan poco proclive a rectificar a tiempo como el Fondo Monetario Internacional (FMI) revele alguna de sus dudas antes de que sea demasiado tarde? Esta suerte de mea culpa, o culpa tuya según se mire, llega muy pronto para los estándares a los que nos tienen acostumbrados estos organismos, que suelen ir con una década de retraso.

El último trabajo del FMI sobre algo tan atractivo como los multiplicadores fiscales** y las críticas de varios economistas contra la austeridad europea han llegado como un rebufo de aire fresco, o como leña lista para incendiar más portadas o más contenedores, según se levante uno. Yo, en este punto, me subo al carro de Rehn y abogo por más austeridad. Necesitamos una ortodoxia más austera, y pronto.

Este debate es significativo por dos razones. La primera es que inunda de matices la discusión sobre la política económica europea y la salida de la crisis. Quien lea con atención el documento y las críticas tal vez se convenza de que la austeridad debería ajustarse a las circunstancias de cada país (aunque esto ya lo ha dicho la Comisión), que una única solución no vale por igual para todos y, en fin, que la realidad es más gris que negra o blanca.

Por ejemplo, en contra de lo que asumían algunos pronósticos sobre crecimiento económico, cuando en un contexto de tipos de interés cercanos a cero se realiza un esfuerzo de consolidación fiscal en un tiempo récord como ha sucedido en muchos países de la eurozona es probable que haya que asumir mayores multiplicadores fiscales sobre la actividad económica (Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers, p.19). Lo que en la práctica implica que los efectos (negativos) sobre el PIB del ajuste fiscal en forma de recorte de gasto público o subida de impuestos serán mayores de lo previsto. Los propios autores del trabajo indican que sus conclusiones no suponen ningún juicio de valor sobre la conveniencia de la consolidación fiscal, que creen necesaria, ni se refieren a las políticas aplicadas en países concretos (p.20).

blog_imf_austerity_forecast

Por otra parte, a diferencia de lo que muchos de los críticos de la austeridad creen, la preferencia alemana por la austeridad en la periferia mediterránea no se basa tanto en un temor a la hiperinflación tras la experiencia de la República de Weimar como en la influencia de la doctrina del ordoliberalismo, una síntesis germánica del liberalismo que enfatiza la regulación y la necesidad de prevenir los carteles y los monopolios. No está de más recordar, de paso, que el período de bajos tipos de interés que favoreció el boom inmobiliario en España se permitió para pagar el coste de la reunificación alemana y que Alemania fue uno de los primeros países en incumplir el pacto de estabilidad presupuestaria. Aunque ya se sabe que no todo lo que se predica en casa se pone en práctica fuera y, mejor así, si no imaginen a Strauss-Kahn en forma.

Los ciclos económicos y científicos  

La segunda razón por la que estas críticas son significativas es que ahora que llevamos un tiempo viéndole las orejas al lobo todo nos resulta más familiar; me explico. Al igual que sucede con la economía, la discusión académica funciona a base de ciclos, y que me perdone Kuhn. La teoría en auge que todos aceptaban, hoy languidece como una depresión. El tema boom sobre el que un día todos querían escribir, luego solo interesará a unos pocos al final del pasillo. Y está bien que así sea, siempre y cuando el ciclo cumpla con el rigor que se espera del debate científico. La austeridad como tema existencial lleva ocupando varios años a los especialistas, preocupando a Rehn algo menos y es probable que se quede con nosotros una temporada más. Pero lo importante ahora es que toda esta historia nos suena de algo.

¿Recuerdan el llamado Consenso de Washington (Williamson, 1990, 2004) y la década de reformas que inspiró en América Latina y parte de África? Eran los años 90 y, tras una década pérdida en el continente sudamericano, los chicos del Banco Mundial y del FMI iban como una moto abriendo a destajo las cuentas de capital y solicitando más y más a sociedades que podían menos y menos. Pasaron los años y la realidad se empeñó en contradecirles. Entonces surgieron las dudas acerca de, por ejemplo, la idoneidad de liberalizar la cuenta de capital tan rápido y todas al mismo tiempo en economías que no estaban preparadas para manejar las consecuencias de esa liberalización. Más importante todavía, llegó uno de los mejores ejercicios de autocrítica que se recuerda entre la ortodoxa gente de Washington: el informe Economic Growth in the 1990s: Learning from a Decade of Reform (2005) del Banco Mundial, al que Dani Rodrik, el reputado economista de Harvard, respondió con un documento magníficamente titulado Goodbye Washington Consensus, Hello Washington Confusion? La lección principal de aquello fue -como reconoció el propio Rodrik- la tontería de asumir que sabemos demasiado. En la práctica, ello suponía renunciar a grandes decálogos reformistas y esperar algo menos de las ambiciosas prescripciones para el desarrollo. En definitiva, más humildad, más diversidad de políticas, experimentación y menos ambición.

Aunque ya se ha comparado en detalle la crisis actual con la de entonces (aquí, aquí, aquí y aquí), el debate que siguió a esa larga década de ortodoxia en forma de reformas fracasadas, polarización política y empobrecimiento me interesa no tanto por las similitudes entre ambas crisis, sino a modo de advertencia. Pues la secuencia empieza a ser un clásico.

Primero se ofrecen las recetas mágicas y cuando la realidad no encaja con los presupuestos, llegan los chivos expiatorios: en el caso de América Latina, cuando las reformas comerciales, macroeconómicas y de los derechos de propiedad no lograban generar el ansiado crecimiento económico, se decía que era porque el mercado laboral no había sido reformado. Si la reforma del mercado laboral tampoco ofrecía resultados esperanzadores, entonces era probable que el problema estuviera en la ausencia de una red de seguridad social y en las desigualdades económicas. Y así hasta que la lista se volvía tan larga que ya no era posible verificarla.

En el caso europeo, se dice que si la austeridad todavía no ha dado sus frutos -como si fuera un naranjo a punto de florecer en medio del desierto- es porque no se han hecho todas las reformas estructurales necesarias o, como dijo Olli Rehn a propósito de Grecia, porque la inestabilidad política del país y los defectos en la implementación de las reformas han afectado a la confianza (carta de Rehn al ECOFIN el pasado 13 de febrero). En definitiva, siempre es el aconsejado el que se queda corto y el consejero el que nunca se equivoca. Después, solo a veces, llegan los afligidos golpes de pecho. En cierto modo, esto es casi inevitable.

Pero yo me imagino a Olli esquivando columnas de opinión como ganchos de izquierda todas las mañanas y tengo que reconocer que esa imagen descubre parte de nuestras vergüenzas, pues traza una línea divisoria entre quienes deben tomar las decisiones y quienes solo escribimos sobre ellas. Yo espero que en unos años alguien escriba alto y claro sobre el fracaso colectivo al que asistimos, en la doble condición de espectadores y colaboradores, pero ahora que muchas voces críticas se alzan con motivos también es bueno recordar que, incluso entre los que cada día recuerdan las maldades de la austeridad, hay tipos a los que no les resulta fácil cambiar de opinión porque están demasiado ocupados escuchándose a sí mismos; sobre todo, si han pasado varios años en Harvard, Chicago y en ese plan, donde el ego es el mejor amigo del hombre. Quiero decir que no se pueden esperar las mayores muestras de humildad y modestia de parte de aquellos que han sido educados en la autoestima como forma de vida.

Por eso, cuando alguna vez se atreven a rectificar, hay que escucharles. No es solo bueno para nuestros oídos, sino también para sus bolsillos. Si no miren a Jeffrey Sachs, que recién licenciado en Harvard y antes de cumplir los 30 ya recetaba terapias de choque como ansiolíticos por los antiguos países comunistas y hoy, convertido en el profeta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es un socialdemócrata de pura cepa, o al menos todo lo socialdemócrata que se puede ser en Estados Unidos. El meu xic, que diría mi amigo. Rectificar es rentable: The end of poverty pronto se convirtió en un superventas, lo que a un precio de $11,56 por ejemplar en Amazon (o $16,00 original y en papel) ofrece un buen incentivo para pensarse las cosas dos veces. Well done, Jeff.

Olli Rehn puede extraer una primera lección de todo esto. Rectifique, escriba un libro repleto de buenas intenciones y jubílese en España. Pero la diferencia entre Sachs, Krugman y el comisario Rehn es que hasta la fecha solo Olli debe tomar decisiones desde un despacho en Bruselas para anunciarlas después en la newsroom con cara de circunstancias. Hay un punto dramático en ello, un drama muy bien pagado por otra parte, que va más allá de la famosa descripción de Felipe González sobre la soledad del poder, es decir, saber que el teléfono sonará y serás el último en tomar una decisión, y que vuelve a trazar una frontera entre quienes opinamos y quienes tienen que decidir, a pesar de todo. Este cuasidrama no provoca ninguna pena, por supuesto, en especial si como en el caso europeo cualquier responsabilidad política se diluye entre una maraña de reglas y directivas y, sobre todo, cuando se gobierna a golpe de lenguaje burocrático que lo explica todo salvo lo que tiene que explicar.

Pero no conviene perder la perspectiva: el comisario ya ha hablado. Sus armas son sus políticas, al igual que las armas de un académico son sus investigaciones y las de un analista son sus análisis, si apuro la metáfora. Al pedir que aplique más austeridad en su ortodoxia, solo le pedimos al comisario Rehn que se lo piense dos veces antes de golpear de nuevo. Y a Rodrik un paper pronto, por favor, que no hay púgil que aguante tantos golpes ni paciencia que soporte tanta confusión.

* Olli Rehn es Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios.

** Los multiplicadores fiscales son los efectos que, en el corto plazo, tienen los recortes en el gasto público o el aumento de los impuestos sobre la actividad económica. Así, cuanto menores sean los multiplicadores, menos costoso será el proceso de consolidación fiscal (Informe del FMI Perspectivas de la economía mundial: Hacer frente a los altos niveles de deuda y al lento crecimiento, p.47)

Al hablar de la ortodoxia económica no me refiero a ninguna corriente en concreto, sino al parecer dominante en materia de política económica de una parte representativa de la élite política y académica. 

Anuncios

2 pensamientos en “Los puños de Olli, o por qué es necesaria más austeridad

  1. Pingback: Derecho a la estupidez | Despachos de ideas

  2. Pingback: ¿Por qué merecemos una oportunidad? | Despachos de ideas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s