Willy Style

Willy Toledo

Yo me he reído con bastantes escenas del actor Willy Toledo, pero últimamente sus comentarios no hacen mucha gracia. Aunque esto debería importarme solo a mí, lo que diga Willy Toledo tiene su importancia si uno cree que las ideas son importantes. Willy ha decidido irse a vivir a Cuba y, entre otras muchas cosas, dijo el otro día en una televisión venezolana que “somos víctimas del capitalismo salvaje, de la saña, inquina y brutalidad con la que nos están tratando los gobernantes”, que “Mariano Rajoy es directamente un fascista nacional y católico heredero de las políticas franquistas etcétera etcétera”, que “el Rey no tenía un maldito peso cuando llegó a España y se ha convertido en el agente internacional de todas las empresas privadas multinacionales españolas (…) de las que se lleva sus comisiones”, que “miles (sic) de detenidos de ETA y la izquierda abertzale han denunciado torturas y ninguna ha sido investigada” y que “Baltasar Garzón no es un juez demócrata”. No está mal para media hora.

También apunta Willy Toledo que los hogares en los cerros que ha visitado en Venezuela son “lugares mucho más que dignos”, y yo espero que Willy se instale en Cuba en un hogar Venezuelan style con el sueldo medio de un cubano. Comenta indignado que cómo nos permitimos el lujo de exigir democracia a nadie cuando España –todos lo sabemos– no es una democracia. Cuba es su niño mimado y dice que se va a La Habana a partir de mayo. Menudos puros se fumará Willy. Suponemos que se marcha porque –¡alucina Willy!– “cualquier cubano puede acceder hoy por un mínimo precio al cine, al teatro, a la danza…”. Le maravilla a Willy que “los cubanos no solo están dispuestos a aceptar las críticas, sino que las exigen”.

En sus ratos libres, Willy el actor también escribe libros para la revolución. Hizo uno en Albacete. La revolución hay que hacerla cara a cara, físicamente –recomienda– y no sabe si él va a pasar a la Historia, aunque yo sé que no. Que yo no voy a pasar, quiero decir. Pero lo que alimenta “emocional, ideológica y espiritualmente” a Willy “es compartir con los pueblos en lucha alrededor del mundo entero su pasión, su energía, su ejemplo y su valentía”.

Yo creo que con esto debería bastar, pero Willy Toledo ha hablado y hay que escucharle, si uno cree que las ideas importan. Sería recomendable que antes de aterrizar en La Habana, Willy hiciera una parada en Estados Unidos donde, según recordó el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, cualquier ciudadano tiene el derecho a ser estúpido. La bella libertad de decir estupideces, a diferencia de lo que ocurre en Cuba, está amparada aquí y allí por la libertad de expresión. Esta libertad yanqui no excluye, por supuesto, a quienes tienen la peor de las opiniones sobre Estados Unidos, ni siquiera a quienes tienen opiniones escandalosas.

En cambio, los protege en primer lugar pues –como escribió John Stuart Mill– si todos excepto una única persona estuvieran de acuerdo en la verdad, la belleza y el valor de una sola proposición, sería mucho más importante que ese herético fuera escuchado, porque también podríamos beneficiarnos al escuchar su (quizá) horrible visión. Más recientemente –y como recordó Christopher Hitchens en uno de sus mejores discursos– Rosa Luxemburgo (esta la he escogido por ti, Willy), declaró que la libertad de expresión no significa nada si no se refiere a la libertad de la persona que piensa diferente.

Pero ¿realmente piensa Willy Toledo tan diferente, o es que solo piensa estupideces corrientes? Willy parecía el otro día uno de esos niños que lo intenta, pero no logra aguantar y al final acaba cagándose encima, ustedes perdonen. Willy se cagó el otro día en directo en la televisión venezolana, pero lo suyo fue una cagada mental, y ustedes perdonen otra vez. Al llamar fascista a un presidente elegido de forma democrática, Willy nos ha confundido a todos, empezando por el presentador mismo, que no esperaba tanta familiaridad de alguien que solo pasaba por ahí como turista de la revolución. Con independencia de la opinión que nos merezca el señor Rajoy, al que últimamente vemos y escuchamos a través de un monitor y por medio de intermediarios como si fuera un Fidel Castro cualquiera, con independencia de esa opinión decía, el fascismo es (y era) otra cosa. Uno no necesita haber vivido en un régimen fascista para darse cuenta de ello.

Hoy se ha puesto de moda llamar a las cosas como a uno le dé la willísima gana, sin ocuparnos en comprobar siquiera qué significan las palabras con las que nombramos las cosas. Los escraches son nazismo puro, según Cospedal; los desahucios son asesinatos y terrorismo, según la Plataforma Stop Desahucios y Angela Merkel es como Adolf Hitler, según un profesor cuyo nombre nunca aprendí. Estas equivalencias morales no las debería soportar nadie que aspire a tener un mínimo de sentido común.

Pero no es fácil evitar la tentación de este relativismo frívolo, sobre todo si uno se llama Willy. No sé si ya se han dado cuenta, pero hay una conspiración de los Willys. Nuestro comunista más veterano en Bruselas, Willy Meyer, (sí, en Bruselas todavía quedan comunistas y, ¡sí!, Willy Meyer todavía sigue por ahí), dijo hace unos meses en la tele que no está a favor de ninguna guerra y, en consecuencia, tampoco está de acuerdo con la intervención francesa en Mali. Meyer afirma que Francia “persigue garantizarse los recursos de Mali porque el país africano es muy rico en algunos minerales” y que la intervención es “una coartada para quedarse con el uranio porque la energía nuclear francesa depende del uranio”, y ahí te quedas tú con tu cara bonita.

Debería preocuparnos que Willy Meyer sepa algo que desconocen los 27 estados miembros de la Unión Europea, todos los países de la Unión Africana y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que han aprobado la intervención. Me pregunto si cada mañana Willy no mira dos veces antes de levantar la tapa del váter para confirmar que, bueno, nadie esté conspirando entre las cañerías de su cisterna. Uno nunca debería subestimar a un viejo camarada, pues desde la caída del Muro de Berlín hay conspiraciones por todos lados que solo unos pocos no vemos.

Así, una de las intervenciones más exitosas (y justificadas) de los últimos tiempos sería algo parecido a un complot del gran capital y una conspiración de las empresas francesas para sacar tajada del caos en el Sahel. Coño, Willy, ve tú y díselo a la mujer a la que mutilaron sus genitales o al hombre a quien le cortaron los dedos porque a un yihadista le pareció apropiado, que yo no me atrevo. Ve y dile también que a la ablación genital se le responde empuñando margaritas, que a mí me da vergüenza. Y ya de paso recuérdales que eso de la solidaridad internacional y el compromiso no significan nada, que tú ves muy claro que allí lo que ocurre es que un grupo de empresarios sin escrúpulos quieren intervenir para arramblar con todo.

Qué tíos, los Willys. Y ya no es que a uno le asquee este relativismo pueril, es que sencillamente no nos lo podemos permitir. El relativismo es un capricho para los tiempos de bonanza, como el exilio de Willy Toledo a Cuba: un lujo para hacer la revolución desde la mesa camilla mientras echan Ana Rosa por la televisión.

A veces los Willys nos dejan en ridículo para revelar que su problema es también nuestro problema: nada hay más peligroso que un tonto con ideas. Otras veces solo es la pereza mental de no pensar dos veces lo que se piensa. A mí me gustaría fumarme un puro en Cuba con Willy y mentarle al Rey para decirle con todo el respeto, Willy, ¿por qué no te callas?

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5 pensamientos en “Willy Style

  1. Muy bueno Jose, lo del “nada hay más peligroso que un tonto con ideas” me lo apunto y me lo guardo. Me ha encantado el artículo.
    Un abrazo!

    • Muchas gracias, Miguel! Yo creo que lo del tonto con ideas es una experiencia que hemos vivido todos, pero lo peligroso es el que tiene ideas y no es consciente de su tontería…Espero que todo vaya bien y a ver si nos vemos pronto. Un abrazo!

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