Julio Anguita y los tiburones financieros de la City

Julio Anguita, el ex-coordinador general de IU, lidera una iniciativa para salir del euro plasmada recientemente en un Manifiesto. Según los firmantes “la sociedad española no dispone de otra elección que salir del euro para impedir el hundimiento definitivo del país”. Es una pena que el Manifiesto esté tan mal redactado, pues estaba llamado a animar un debate que con demasiada frecuencia se vuelve denso, técnico y aburrido.

Pero los aquífirmantes han puesto una nota de color entre tanto hombre de negro. En un post para el blog de ECFR me ocupo de los datos y de lo que piensan los europeos –también los españoles– sobre el euro y la posibilidad de volver a utilizar las antiguas monedas nacionales. Ahora me interesa destacar por qué la propuesta de Anguita y otros se parece más de lo que creen a lo que algunos “tiburones” financieros han sugerido. En resumen, salgamos del euro y a volar, tralará.

Aunque el documento reconoce el riesgo de simplificar el análisis, considera que la incorporación de España a la moneda única es la principal razón de la situación actual. Es una postura legítima que comparten otros y que tiene un cierto fundamento. Lo que no está claro es que la salida del euro sea la respuesta adecuada, que lo que ocurra a continuación sea lo que afirma el Manifiesto ni que, en caso de decir adiós al euro, sean los primeros firmantes quienes debieran liderarnos en la inhóspita travesía.

Hace un año Lord Simon Wolfson, un acaudalado empresario y Tory británico, propuso un concurso a cuyo deadline –imaginamos– no llegaron los firmantes del Manifiesto. El Premio se otorgaba a quien ofreciera el mejor plan para que un país abandone el euro de la forma más ordenada (o menos caótica) posible. Por cuantía, el Wolfson Economics Prize se convirtió en el premio de economía más lucrativo después del Premio Nobel. Se presentó parte de la crème de la crème de las finanzas y el capitalismo global. Más de 400 candidatos, 5 finalistas y un solo ganador: Roger Bootle, de Capital Economics.

En el día 1 se introduce (con nocturnidad y casi por sorpresa) una nueva moneda en paridad con el euro. Todos los salarios, precios, préstamos y depósitos se redenominan en la nueva divisa (1 por 1). Los billetes y monedas de euro seguirán usándose para pequeñas transacciones durante seis meses. El país anuncia de forma inmediata un objetivo de inflación, adopta reglas fiscales estrictas supervisadas por un grupo de expertos independientes, prohíbe por ley la indexación de los salarios a la inflación (es decir, que la variación de los salarios esté vinculada a los cambios en el IPC) y anuncia la emisión de bonos del gobierno vinculados al nivel de inflación. Fin.

Estos son los pasos básicos propuestos por el ganador del Premio, que irían precedidos de una serie de reuniones secretas donde se anunciaría la fecha aproximada del día D a los principales actores involucrados. Uno puede estar o no de acuerdo con la propuesta, pero en cualquier caso es una iniciativa reveladora que nos ofrece una guía práctica de que la salida del euro es posible, pero incierta.

Andrew K. Rose, por su parte, ha estudiado las características de las salidas de uniones monetarias y concluye que, por lo general, los países que abandonan una unión monetaria suelen ser más grandes, más ricos y más democráticos que los que permanecen. Además, tienden a tener mayores niveles de inflación. Pero el abandono de la Unión Económica y Monetaria (UEM) europea continúa siendo terra incognita.

Así que junto a Roger Bootle y algunos especuladores interesados en el fracaso definitivo del euro, aparece este Manifiesto que lleva 1.800 firmas de apoyo a día de hoy. Si uno lo lee con atención, no quedan claras las razones de por qué esta estampida hacia lo desconocido debería llevarnos a un mundo mejor. Al menos, los participantes en el Wolfson Prize tenían una poderosa razón: 250.000 libras esterlinas.

Lo más peligroso del plan sugerido en el Manifiesto es que no hay ningún plan. En principio, el argumento económico para abandonar el euro está más o menos claro, también lo estaba antes de Anguita y Cia. Recuperar la peseta -o como se llamara la nueva moneda (¿qué tal “criseta”?)- para lograr una devaluación, ganar en competitividad y emplear la política monetaria para financiar el endeudamiento público, o estimular la demanda interna, según se mire.

Pero hay algo más. Esta frase: “El fracaso del proyecto de construcción de Europa es inocultable, con independencia de que no sea posible determinar cuándo y cómo se desbaratará la insostenible situación existente”. Esto es lo más parecido al ‘solo sé que no sé nada’ de la filosofía clásica.

La salida del euro implicaría con seguridad una reestructuración de la deuda pública externa. Los aquífirmantes sugieren una quita, moratoria y/o conversión en moneda nacional pues, en otro caso, “puede darse como irremediable la quiebra del Sector público”. Uno se pregunta si la referencia que tienen en mente es el default de la Argentina en 2001. Está bien convertirse en un paria de los mercados internacionales si eres Ignacio Ramonet, o si uno cree que la dictadura de los mercados es como La vida de los otros, no los vemos, pero sospechamos que están por todas partes. Salvo por eso, a nadie le gustaría lidiar con el día después, pues tras anunciar la quita masiva alguien preguntaría ¿y cómo se pagan los salarios del sector público que querían salvar?

¡Ah! Nacionalizando la banca. Luego, respecto a la deuda del sector privado (que es casi toda), “corresponde a sus agentes resolver los problemas que se presenten, incluido el sector financiero, muy comprometido”, como buenos liberales clásicos que son. Además, sería necesario “desarrollar una política avanzada de control público de los sectores estratégicos de la economía”. Así que tal vez el modelo en mente sea la Venezuela de Chávez y Nicolás Maduro, pío, pío. Y es que, a su juicio, “otras fuerzas, organizaciones y autores de la izquierda proponen cambios bastante utópicos y proyectos sin fundamento”. Tampoco está claro que salir del euro beneficiara a quienes –es un suponer– más pretenden beneficiar los promotores de la iniciativa. Pues quienes menos tienen y más están sufriendo esta crisis pueden acabar siendo los principales perjudicados. Quién paga todo esto y cómo se hace parece lo de menos.

No tengo nada personal contra estas políticas, salvo que no funcionan. Y no es que uno quiera ser demasiado crítico, pero me gustaría que antes de lanzar un órdago y plantear la salida del euro, los aquífirmantes se lo pensaran, al menos, una vez; y si deciden escribir otro Manifiesto que lo revise, por favor, alguien que sepa lo que quiere decir, o que entienda lo que escribe. Por no tener que aburrirles con otro post como este, más que nada.

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